lunes, 5 de junio de 2017

Novena de San Antonio de Padua. Día segundo

ORACIÓN

   ¡Amadísimo Protector mío, San Antonio!  Heme aquí a tus pies, plenamente confiado en tu poderosa intercesión.  Mírame con aquel espíritu de dulce y tierna compasión con que mirabas a los pobres. ¡Pobre soy yo, Santo mío!  Véome lleno de miserias.

    La vida para mí es continua lucha. Pan de felicidad, de alegría, de salud, de paz, de virtud... ¡cuánto me hace falta y cuánto espero de tu amorosa protección!  Otórgamela, te lo pido humildemente, para que tu nombre de Taumaturgo sea nuevamente glorificado. Creo en tu poder, espero en tu bondad, amo tu corazón de Padre y bendigo a Nuestro Señor, que te hizo grande en la tierra y en el cielo.

   Amén.

Reflexión: Esperanza de San Antonio.

   Amó vivamente el Santo esta virtud.

   Una vida de sacrificio, en lucha constante contra el infierno, el mundo y las pasiones sería imposible sin una gran esperanza, hija de una gran confianza en la bondad divina, en la paternal Providencia de Dios y en la ayuda constante de su gracia. Por eso, San Antonio jamás desmayó en su vida de incesante y penoso esfuerzo. ¡Contaba con Dios!

   Humillémonos y contemos, no con nuestras propias fuerzas, sino con las divinas, esperando siempre en Dios.

EJEMPLO: Nunca Perdió San Antonio de Padua su esperanza y su confianza en Dios. Ni aún en aquellos trances extremos de su vida en los que parecía que todo estaba perdido y que no existía ningún remedio humano. Cuando impulsado por su ideal misionero pisó las playas africanas, Dios le envió la prueba de unas fuertes calenturas y dolores que le hicieron guardar cama durante todo un invierno. Reducido a la impotencia, San Antonio se abandonó confiado en las manos de Dios.

  Cuando más tarde, obedeciendo a sus Superiores, regresaba a Portugal, una terrible tempestad arrojó su navío a las costas de Sicilia. En tierra extranjera, lejos de su patria... ni aún entonces perdió su esperanza y una vez más se arrojó confiado en los abrazos de Dios.
Breve Meditación...

RESPONSORIO
    Si buscas milagros mira muerte y error desterrados, miseria y demonio huidos, leprosos y enfermos sanos. El mar sosiega su ira redímense encarcelados, miembros y bienes perdidos recobran mozos y ancianos. El peligro se retira los pobres van remediados Cuéntenlo los socorridos díganlo los paduanos. El mar sosiega su ira... Gloria al Padre, Gloria al Hijo, Gloria al Espíritu Santo. El mar sosiega su ira... Ruega a Cristo por nosotros Antonio divino y santo; Para que dignos así de sus promesas seamos.

ORACIÓN FINAL
    Alegre, Señor, a vuestra Iglesia la devota y humilde oración del glorioso San Antonio, vuestro siervo, para que seamos siempre socorridos en esta vida con los auxilios de la gracia y merezcamos conseguir después los gozos eternos de la gloria. Por Jesucristo Nuestro Señor.

    Amén.

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